El futuro inmediato de la NBA promete mucha intriga y espectáculo asegurado. Aparte de unos playoffs que darán respuestas definitivas sobre la calidad de los Cavaliers y los Lakers y los demás rivales, este verano tiene en cartelera un draft con el los portentosos John Wall y Evan Turner como grandes estrellas y un mercado de posibles fichajes encabezado por el Rey Lebron, Dwyane Wade y Chris Bosh. Como consecuencia, se pactarán algunos contratos de cantidades astronómicas y se conmoverán peñas de los equipos que han tenido suerte en fichar con éxito mientras se quejarán los aficionados de los equipos menos afortunados.
Pero más allá de esta luz gloriosa que brillará en el horizonte del baloncesto americano en los próximos meses, nos esperan posibles nubes que podrían empapar todo el paisaje y convertirse en un verdadero aguafiestas para todos. Se trata de un “lockout”, o un cierre patronal casi inminente en toda la NBA y muy parecido a lo que ocurrió en la temporada 1998-1999, año en que los equipos y sus jugadores estuvieron varios meses sin jugar ni cobrar. Aquella temporada sólo se jugaron unos 50 partidos tras el acuerdo entre el sindicato de jugadores y los dueños que costó mucho trabajo en fraguar. También fue aquel año el último de Michael Jordan con los míticos Bulls y el comienzo de una pequeña época gris durante la cual la liga sufrió un brusco descenso en popularidad y en la cifras de la taquilla.
Aunque el posible cierre patronal por parte de los dueños no ocurriría hasta 2011, hay razones para estar preocupados ahora. Las negaciones preliminares entre dueños y el sindicato de jugadores sobre la renovación del CBA (Convenio Colectivo) no ha dado muchos frutos y al parecer los dueños insisten en que se reduzca de forma sustancial el porcentaje de dinero que se llevan los jugadores de los ingresos totales en la liga. Actualmente, sus ganancias representan el 57% de dicho dinero y se ha hablado de un objetivo propuesto por los dueños de reducir esta cantidad hasta por debajo del 50%. En términos generales los empresarios de la liga piden una reducción en las cantidades que se pagan por contratos del máximo valor y un “salary cap” (tope salarial) duro, es decir, un límite salarial por equipo sin las excepciones reglamentarias que existen ahora. las cuales permiten en algunos casos que se le puedan pagar sin penalización a ciertos jugadores más del tope máximo.
Algunos analistas de esta situación lo ven todo con cierto optimismo, argumentando que aún queda mucho tiempo y que existen muchos incentivos para que los dos lados de la negociación lleguen a un acuerdo para el 30 de junio de 2011, fecha en que el convenio colectivo actual caduca. O incluso hay un margen de maniobra hasta octubre o noviembre del mismo año, periodo cuando la liga empezaría de verdad. Además, algunos resaltan el hecho de que la liga está gozando de época dorada en la que estrellas como Lebron, Kobe, Wade y Durant están jugando a su máximo nivel, y por tanto sería un gran error desperdiciar el marketing que ellos generan fácil y naturalmente. Es más, hacer daño a la imagen de la NBA con otro cierre patronal sería un suicidio de grandes proporciones.
Otros expertos lo ven con más incertidumbre y creen que los dueños no tienen ni el deseo ni los incentivos financieros para ceder en esta negociación. De hecho, según Sports Illustrated, en caso de cese de actividades económicas, los dueños aún recibirían una parte de los aproximadamente 900 millones de dólares en concepto de derechos televisivos que van destinados a la liga cada año. Si tomamos en cuenta que actualmente muchas franquicias están perdiendo dinero anualmente con todo en marcha, parece que en algunos caso se gana más en hacer nada que en trabajar.
Con estas consideraciones en mente, no es ridículo creer que puede haber algún trastorno que afecte al menos una parte de la temporada 2011-2012 de la NBA. Por eso se aconseja, igual que en la NFL (Liga de fútbol americano) que también se enfrenta a un posible paro por falta de acuerdo sobre el CBA de su liga, que los jugadores empiecen a tomar medidas ahorrativas personales para amortiguar los futuros daños económicos que podrían producirse.
Para los que están ganando buenos salarios, estar sin trabajo y nómina durante un periodo no es tan complicado, pero siempre existen unos grupos más vulnerables en términos económicos. Y justo estas personas son los que tendrían que pensar en otras opciones aparte de austeridad financiera doméstica. El deseo que mantenerse en forma o a niveles competitivos para cuando se reinicia la liga también influye en que otros cuantos jugadores consideren posibilidades profesionales fuera de la NBA, incluso en el extranjero.
Sólo hay que mirar los antecedentes históricos para ver cómo responden algunos jugadores ante la amenaza de un paro de actividades deportivas. En 1998 varios novatos recién seleccionados en el draft de ese verano optaron por jugar en la CBA (Continental Basketball Association), liga profesional de menor categoría que aún no existe, durante el cierre patronal. Michael Olowokandi, el primer jugador seleccionado en el draft de 1998, firmó con Kinder Bologna ese mismo año por culpa del cierre patronal estuve ahí hasta el comienzo de la liga a principio de febrero de 2009. Otros novatos como Mike James, jugador que ni siquiera fue seleccionado en el draft, pero que sí tenía aspiraciones para fichar para un equipo en la NBA, tuvo que ir a Europa también para ganarse la vida.
Oded Kattash, un jugador israelí de gran talento, tenía planes para jugar para los Knicks esa misma temporada, pero por culpa del cierre patronal, volvió a su país natal para jugar para Maccabi Tel Aviv. Zan Tabak, un croata que figuraba en la plantilla de los Celtics en esa época, decidió marcharse a Turquía para jugar para Fenerbahçe. Veteranos como Nick Van Exel y Marcus Camby presentaron un pleito contra la NBA y USA Basketball para quitar las restricciones contractuales que obstaculizaban sus posibilidades de jugar en el extranjero durante el lockout. Aunque se argumentaba que la probabilidad de que muchos jugadores estadounidenses se fueran a jugar al extranjero era baja por limitaciones salariales y de cupo de jugadores extranjeros dentro de muchos equipos europeos, la idea, no obstante, recibía su debida consideración por muchos jugadores, algunos de los cuales fueron llamados por clubes europeos para ver su interés en hacer el salto continental.
Dados estos antecedentes y teniendo en cuenta el desarrollo del baloncesto como gran negocio en todo el mundo, la opción de jugar en el extranjero durante un posible lockout es una bastante real y válida. Para el jugador medio con un contrato garantizado, el incentivo económico para probar la suerte en otra liga profesional es relativamente mínimo, pero habrá muchos jugadores de buen nivel y en condición de agente libre que podrían optar por jugar en el extranjero por salarios competitivos durante al menos una temporada. Aparte de los grandes clubes europeos, la liga profesional china también ofrece la posibilidad de remuneración atractiva para muchos jugadores.
Con el importante movimiento de jugadores entre la NBA y ligas europeas que se ha visto en los últimos 10 años, el concepto de cambiar de continentes resulta hoy en día menos extraño y más factible para muchos jugadores que hace una década atrás. Ya hemos visto como Josh Childress, un jugador importante para los Atlanta Hawks de hace dos temporadas, y Brandon Jennings, un joven talento que luego sería seleccionado en la primera ronda del draft de 2009, se han marchado por decisión propia para Europa para jugar al menos una temporada. Estos ejemplos no han pasado desapercibidos entre muchos jugadores estadounidenses.
Todo esto nos deja con el aviso de que puede haber algunos acontecimientos y movimientos de jugadores interesantes en un poco más de un año. En otras palabras, posiblemente nos espera en Europa una invasión americana de jugadores de talento. Una invasión que contrasta fuertemente con las notables invasiones de los pasados años que han ido en sentido contrario…el éxodo histórico de inmigrantes europeos en dirección a los Estados Unidos por motivos económico, la invasión británica de músicos que buscaban probar su suerte en el mercado más grande del mundo y, más recientemente, la invasión gradual de jugadores europeas de gran calidad en la NBA.
Por supuesto aún queda mucho tiempo para que el sindicato de jugadores y los dueños de la NBA pacten un nuevo convenio colectivo, pero la importancia que tendría un cese de actividades económicas en la liga nos obliga a imaginar las posibles consecuencias de este suceso, unas consecuencias con unas repercusiones significativas no sólo dentro de los EE.UU., sino también más allá de las fronteras americanas.
Para aficionados de la Euroliga, estas posibilidades de una invasión americana pueden resultar especialmente interesantes. Y para los fans de Ricky Rubio, jugador que podría ser afectado también por un cierre patronal en la NBA, la idea de verlo durante un año más como jugador en el Viejo Continente tendría su propio atractivo.

